Nacido, no sin dificultades, el 5 de agosto de 1986; fisiológicamente se entiende irrefutable, sin embargo: nunca se está seguro. En seguida, simplemente, doy un respiro; y aún lo sigo haciendo. Ambos son los actos inmanentes más importantes de mi vida y espero basar en ellos mi trascendencia. De la capacidad aeróbica de mi ser llevo marcas de múltiples deportes: consigo gratos cansancios y un cuerpazo bueno para el amor. En lo artístico, trastabillé en la música, antes de recalar en la poesía. A los diecisiete comencé a escribir, en la casa de mi abuelo, en la pieza que da hacia la calle, motivado por intensas desiluciones juveniles. Pienso dedicar la vida en eso, pero no estoy seguro. Persevero en muchas de estas cosas que he nombrado, con poca tenacidad. Y un último detalle, quizás implorando: jamás he publicado algo.
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