La naturaleza nos da nervios para conductas en semilla,
también la tierra fértil como empolvado objetivo;
conformamos así la elegancia de una siembra.
Pero viene el hijo, del fondo de la tierra,
señorial, con su pregunta grave de aguas turbulentas.
Y la respuesta emerge inútil, como viejos senos y seca tierra;
a través de un suicidio sexual: en un resuello de carne.
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