Nada que decir, descontando «nada que decir». Pero, es muy raro y atrapador, porque para decir «nada que decir» digo, diciendo, «nada que decir (…)» y tengo que explicar mi incoherencia. Al final, sin nada que decir, termino diciendo ni todo ni nada y al unísono. Al final más último, y concluyo, me considero, en calidad de humano, esclavo de la palabra y de otros asuntos.
Deja un comentario