Había oído ya de clínicas para el problema, en Japon o China, pero no de la solución exitosa del mismo. Los primeros antecedentes se remontan ya al computador de un amigo; no fui nunca y no soy de los más tecnologizados. Los antecedentes segundos son de mi entera responsabilidad y se reconoce tristemente su naturaleza o tipo sicológico; en una búsqueda poco exhaustiva se encontró como causa génesis y genealógica al abuelo mío. En años posteriores, al recibir un computador propio, nadie estuvo ahí para señalar el síntoma gravitante; sin peligro de errar puede considerarse ésa indiferencia como la gota de culpa social. Ya para impactar al lector y ya para revelar el misterio me limitaré a la narración cúlmine y álgida del proceso, que consiste en una o dos consecuencias de poca importancia societal, pero obsesivamente muy valiosas. El desmejorado vigor de mi visión es una de esas consecuencias; el inmejorable tiempo perdido en una dimensión irreal (moderna) es la otra. En fin, los sicólogos locales, en su triste mitología como dijera Borges, nombraron al problema con un sustantivo indigno de repetición.
Deja un comentario