Invitada a morir por un instante
la muerte, a dejar tus jugos y alterar
sopas de hombre, con un temblor de plumas
que no se oponen a revolver las médulas suyas
de jadear el corazón, a reventar el ritmo
de las pieles suaves llenas de oídos y manos y ojos
de alfombra de alas, que aceptando el carmín
de vacío en vacío salta el macho.
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