Finalmente, el agotado esfuerzo por entender es el impulso de los suicidas a una muerte, siempre espectacular: ¡ser encontrado culpable de la propia muerte es siempre muy amarillo! Verles en el suelo sin más, como cadáveres con un poco de sangre gastada en la comisura, o colgados al viento de tarde con una sonriza de labio azul, es siempre no mirar su corazón.
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