Isla de soledades y campanas,
los días nos arrojan hacia tu acantilado,
tu cima de reposo y de candor,
tu inmensidad que surcan las horas y los pájaros.
Tu masa de luz nueva surge en medio del tiempo
y tu oro semanal repartes gradualmente
animando jardines
y volviéndonos ricos de parcelas celestes.
Como a lecho o espuma ansiada tocan
nuestros cansados pies a tu ultimo peldaño
o conmovida cúpula con pájaros de vino
que celebran la dulce vacación de las manos.
Náufragos semanales llegamos a tus costas
a saciarnos de luces
y a buscar la palmera del reposo
o el plano del tesoro escondido en las nubes.
Jorge Carrera Andrade, en Revista La gaceta, número 357, año 2000.
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