XLIV
las esporas del imperio se las lleva el viento
las arrastra a los pueblos
a las escuelas
a los refugios de los amantes furtivos
y allí quedan dormidas
latentes entre las sábanas tibias
agazapadas como gatos cazando pajarillos
en nuestras sinapsis exhaustas
XLV
en el funeral de mamá cantaron
cuan gloriosa será la mañana
no habrá necesidad
las naciones estarán unidas como hermanas
el sol no dará su luz
allí no habrá llanto
ni tristeza ni dolor
XLVI
el odio se acurruca con ternura
en nidos de dendritas
dormido en la tibieza de nuestra sangre
esperando
el día para romper el cascarón
XLVII
padre, el amor es como un río en las montañas
que baja violento hacia el mar
y en su camino deja una huella de vida
indeleble
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