Cuando esté en el otro lado de la vida
me recordarán con un olivo enfermo
plantado
en algún jardín del pueblo.
El calor del verano
intentará devorarlo.
Pero el olivo dará la batalla
contra el olvido
en mi nombre.
Se dirá en encendidos discursos funerarios:
su vida fue como una taza
que estuvo llena de mate
y conversaciones.
Desde el otro lado miraré mi propia memoria
escanciada en el ataúd
miraré en el fondo de la taza los finos restos de yerba
y un charquito de agua verde,
evaporándose, muriéndose.
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