el poema que escribí para el abuelo
sobre el trigo naranja y los álamos blancos y el bote navegando en la eternidad,
lo recuerdas?
amabas tanto al abuelo,
el campesino de piel morena,
de panza tan grande y dulce como una sandía,
el viudo
—
recuerdas que lloraste montón? has medido tus lágrimas?
se podría hacer, estoy seguro, con un pluvímetro,
como los meteorólogos miden las lluvias de primavera
porque lloraste industrialmente
—
a media mañana, en la sombra,
en el edificio blanco donde se ordeñan las vacas,
vi al abuelo besando a M. contra la pared
la soltó con violencia,
un salto un rostro de pavor
y agachó la cabeza como un niño que hace algo malo
(pero el niño era yo
y mi ojos rompieron su secreto
y se añadió un silencio espeso entre nosotros)
—
cuando me preguntan por ti digo que eres muy buena
que estudiaste enfermería en la universidad
que mandas en casa
y que papá obedece
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