Muere el sol sobre Los Ángeles
la ciudad de las masturbaciones de un tal Bolaño fantasma
Miro al viento de voces y me lleno de palabras que revolotean golpeándome con sus alas y sus picos que abren heridas
Esta tarde naranja, roja, muriente, me digo sin decirlo, inunda la piedra de mi corazón erosionada por el tiempo
Las nubes parecen detenerse a mirar la oquedad que habita en mi
Una joven por vez primera fuma un cigarrillo junto al estero Quilque y espira volutas de humo adolescente que suben como incienso funerario
El agua parece mirarla en silencio mientras retorna a casa
Se extingue con belleza y para siempre el día, como nuestro amor dormido
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