Comí mi primer caracol en la ciudad de Sens, en Borgoña. Según los sibaritas locales de estos bichos los mejores son los Escargots d’Arnaud: la mejor salsa de mantequilla de la comarca. Este evento escandalizó a mi madre que temió por mi vida y no dejó de enviarme mensajes para tener noticias de mi estado de salud. Tenga cuidado hijo, que usted es delicado de guatita. El caracol que nos comimos no es de la variedad local de Borgoña, que según los criadores, es de gran tamaño pero tarda demasiado en crecer. Es de una variedad africana de mayor rentabilidad por su tasa de crecimiento atractiva. El capitalismo y el anticapitalismo también afecta el mundo de los caracoles. No me desagradan. El secreto está en la salsa y en darse la paja de quitarles la mierda antes de prepararlos.
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