Un chileno en Francia III

En algún momento pensé en dedicarme a la escritura de libros pornográficos. Desistí al darme cuenta de mi falta de experiencia. No nací en la buena familia supongo, una mezcla de bautistas por el lado paterno, adventistas por la línea materna, y uno que otro pariente bueno para las fiestas y para el vino que hacía de su vida una excepción. Para mí la literatura pornográfica debe ir más allá de expoliar el deseo, es un relato que indaga el tabú de la sexualidad humana. Estamos más dispuestos a hablar de la sexualidad de los otros que de la nuestra, y de una sexualidad teórica, imaginaria, ficcional que de las experiencias personales. Según lo que voy oyendo, aquí una de las consignas es probar pollas y coños en cantidades industriales, acumular estás experiencias en la memoria humana o digitalizarlas en discos duros. BA me contó que uno de sus amigos de Science Po, que ahora se define como aliado del feminismo, lleva una hoja de cálculo en Excel con la lista de personas que se ha follado. Un follador de la pradera metódico. Se le cataloga como un poliamoroso sin responsabilidad afectiva. Entre las historias locas que uno escucha, se dice que este chico de París intentó formar un trío entre dos de sus relaciones, chica A y chica B. Una de las relaciones, chica A, era mucho más reciente. La segunda, chica B, podría definirse como una relación tóxica de larga data en donde ella quería una relación más tradicional pero que se resignaba con la esperanza de que en el futuro sería acaso un poco diferente. El galán poliamoroso, para generar buena onda y luego ver qué pasa, organizó una soirée de jeux de société con chica A, chica B y su polla de campeón bobó. Cuento corto, la soirée tomo un camino misterioso que solo Dios puede explicar. Chica A y chica B entraron en muy buena onda, intercambiaron números, se dejaron fluir y construyeron su propia relación de pareja. Hablando y hablando de las manipulaciones de su ex-galán aliado del feminismo, tomaron consciencia de que el aliado era fidel consigo mismo no más, así follaron como locas para olvidar, para independizarse y para reconstruirse. Tanta complicidad surgió aquella noche que se fueron a vivir juntas a los tres meses de conocerse y ahora están planeando tener un hijo por fecundación in vitro en Bélgica porque, al momento en el que escribo mi diario de campo, aún no es legal en Francia para parejas del mismo sexo.

Deja un comentario