Apenas puedo con mi vida a las 7:30 del lunes. El insoportable dolor de muelas que me impedía dormir parece esfumarse. La semana pasada L., estudiante de tercer año de Licencia, me pidió una carta de recomendación. Dice que quiere postular a un Máster para trabajar en la comunicación en la industria del lujo. ¿Al final de la semana, le parece bien? No quiero mentir, mi nivel de francés en escritura no da el ancho. Le debo la vida al traductor automático y los tutoriales de escritura que pululan por internet.
Fuimos al Saxo, un bar legendario en Rouen al lado de la plaza San Marcos, en donde beben unidas las familias, los estudiantes y los hombres y mujeres que se buscan sin encontrarse. S. nos deja para irse a vivir definitivamente a Colonia. Vivirá con su padre mientras se busca un trabajo. S. es chileno en la cuarentena, dice que estudió periodismo en Santiago, que trabajó para una revista de motos y que en su trabajo como ejecutivo bancario ganaba mucha plata. Pude comprarme una casa, pero eso significaba quedarme pa siempre con mi ex. Los ahorros de su periodo dorado le permitieron venir a ver a su hermana, pacseada con un normando que se dedica a la organización de espectáculos y que tiene un grupo de rock. Le gustó tanto la ciudad, me enamoré de Rouen, que se quedó a vivir. Trabajó de profesor de español en el Berlizt pero después del COVID se puso mala la cosa. Los extranjeros y los jubilados dejaron de tomar clases de español. Se cansó de Francia, todo muy complicao aquí, la universidad muy complicada con la mierda de contrato d vacater que te pagan una vez por semestre y te piden puros papeles, intentó hacer una formación en alternancia, muy de moda en el hexágono, pero no pudo encontrar el contrato de alternancia porque al tener más de treinta las empresas deben pagarle un salario completo. Los alemanes son más pragmáticos, si trabajai bien, te quedái y listo.
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