Se me ha hecho un regalo que derrota mis tristezas, sin serie. Irrepetible como el callo del artesano. Y bajo su simpleza, delicada, asoman los colores y la poesía del gesto tierno. Gesto que no viene en libros, y sin embargo de aquel regalo caen las palabras, únicas, bajadas de la más cotidiana estrella para mí. Y cómo no estar agradecido: si cada vez que me adentro en soledades de magia fría y lentos poderes ahí está, el objeto de simple hechura, expeliendo su aroma de compañía en medio de las hojas.
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