AC acompañó la delegación de chilenos a dar un paseo por Rouen: La Catedral, el viejo Reloj, El Atrio Saint Maclou. Las estudiantes de Lenguas Extranjeras Aplicadas, las de mención de turismo, guiaron el paseo. Su lenguaje era una mezcla de dialecto del marketing y acento de español que en Chile se reconoce como acento de cuico. Organizaba y acompañaba el equipo de ProChile, una agencia vinculada a la embajada que se encarga de mostrar que Chile no es solo un productor de materias primas, sino que tiene cerebros creativos que exportar. Venían a hablar de la producción de la industria creativa del cómic Chileno. El Mostrador les hizo un reportaje.
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La vida me está enviando un mensaje. Lo hace algunos días martes en la sala 403 de La Torre en el campus les Chaînes en Cergy. Es la segunda vez este año académico. Allí doy a las 10h15 mi curso de Comunicar en Español. Al parecer, antes de mí, hay un curso asociado al Máster de Lettres Métier de L’écriture et Création Littéraire. Hace 4 semanas encontré un documento de trabajo sobre mi mesa. Era una síntesis de fragmentos sobre literatura realista, pero no es realista la palabra más precisa, la olvidé, la busco luego y se los digo. Uno de los fragmentos en ese compendio creado por la docente del curso de literatura corresponde a Paris Gare du Nord, de Joy Sorman. Interesante. Me pregunto si podría hacer un trabajo similar con la Gare de Mantes la Jolie, con perdón de las diferencias. Hoy a las 10h15 encuentro otro texto que habla sobre la memoria de recherche-creation literaria. Espero releerlo en detalle al llegar a Rouen. Espero no haberlo perdido, porque a veces, por error o por descuido, voto papeles en el cubo amarillo del reciclaje, algunos poemas, algunos cuentos malos.
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El tren de las 14h53 que tomo en Mante la Jolie lleva una fauna bien diversa de pasajeros. Maletas grandes, cómo si viniesen de viajes lejanos, medianas y pequeñas, que dan la impresión de pertenecer a esos trabajadores nómades que atiborran las estaciones de la Région Parisina. La mitad del tren, podríamos decir sin mentir demasiado, es vikinga, lo cual es lógico porque su destinación es la Normandia profunda, lugar que los vikingos se apropiaron hace muchos años y con razones bien justificadas según mi modesta opinión de turista de larga estancia. La vikinga frente a mi, que tiene cara de profesora, lee un texto bien denso pero importante que se titula Malvoyances et cecis, o algo parecido porque miro de reojo para no tener problemas de acoso callejero y la mano de la chica tapa el final del título. El chico a mi derecha, un poco lejos del estereotipo de vikingo pleno, acompañado con un gran maleta, con anteojos tipo Harry Potter, lee a Stephen King. La otra vikinga, también a la derecha, dos asientos más hacia la cola del tren, juega con su teléfono inteligente, como llaman por aquí a los aparatos, para no decirnos la verdad claro, porque más preciso sería llamarlos teléfonos espías pero el nivel de ventas no sería el mismo. Por mi parte, casi llegando a la estación Rouen Rive Droite, voy en la página 37 del libro Roña de mi colega Fernando Stefanich. Por el momento, han matado a Franck e Ismael Alterio no colabora con la policía.
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