es verdad que el café nos revive, como bien nos decías cuando nos cruzábamos como aviones en vuelo durante el desayuno, / y lo decías, creo vislumbrar, experimentando en tu cuerpo la violencia del trabajo de cuidar estos niños / pero tu cuerpo es capaz de cuidar (aquí en los años 90, en un Chile que nos dicen en la TV que vivimos en una transición) bien tarde por la noche y renacer con un tacita de café para seguir cuidando bien temprano por la mañana / es verdad, a regañadientes, a veces con una ira que se desparramaba por la sala, por el jardín y que no sabíamos de dónde venía ni a dónde iba /
la herida del tiempo me hace empático / como si el tiempo fuese una gran piedra y yo, el pequeño M., un granito de trigo que se resiste / el tiempo me reenvía hacia ti / el tiempo te reclama
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