Este lunes mañoso, desde la ventana del tren Mantes la Jolie – Conflans Val d’Oise, las Casas y las tierras parecen espolvoreadas de cenizas. Invierno tan azul. El entusiasmo de ir trabajar mengua de semana en semana. El pesimismo social comienza a ganar terreno. Un gran número de quiebras de empresas, record desde 2009, anuncian en France Info. Normal, me digo, la subida de las tasas de interés es para eso, para quebrar los sueños y los soñadores del capitalismo, porque los sueños, en esta tierra cenicienta, tienes que comprarlos. La Universidad de C. no es ajena a esta dinámica. El gobierno transfiere más costos salariales a las casas de estudios y les pide autonomía financiera. La transferencia de costos salariales, a mí modo de ver, es una estrategia para empujarles a reducir personal sin asumir los costos políticos de despedir. Los colegas de español e inglés comienzan a inquietarse o mejor dicho comienzan a ponerse nerviosos. Lo vemos venir. Por mi parte creo que no estaré aquí el próximo año, ya me lo dijo Mister J., no sabemos si podemos renovarte, prefiere renovarle a su amigo S., porque tiene una agenda llena de contactos de empresas. El escenario micro político es complicado, el macro político también, un año difícil. Quizás Francia necesitará un nuevo mayo del 68 para romper la dinámica de neoliberalizacion de las universidades, llenas del lenguaje del emprendimiento, las competencias, la reducción de la enseñanza superior al utilitarismo económico. Quizás nuestra revolución comenzará con un grito en un pasillo, o simplemente con un posit pegado en una puerta en donde un anónimo escribirá «mi cuerpo está cansado de venderse » o simplemente con una hoja impresa de palabras liberantes que percolan como gotitas de humedad en un viejo muro.
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