A veces digo a algunas amigas íntimas que tengo dos madres: L. y M. / Ella dormía conmigo cuando llovía con truenos en las tierras del Bíobío y L. tenía turno de noche para arrebatar a la muerte a los otros niños y niñas/ Nos alimentaba preparándonos la leche en polvo en las mamaderas ardientes / Iba corriendo detrás de los tres mosqueteros en dirección de la avenida Ricardo Vicuña para sufrir mirándonos en nuestras vueltas en bicicletas hasta que volvíamos con las rodillas raspadas en tierra y sangre / Tenía que vigilar que no cayésemos al canal abierto como una invitación a dormir temprano fuera de toda norma que se hubiese llevado nuestros cuerpecitos hasta el mar o hasta los campos de remolacha azucarera que cercan la ciudad
Una vez le conté mi historia de las dos madres a L. la gallega y dijo que claro, si le pagabais, que era explotación, que parte de la familia jamás, no tenía opción / No lo sé, le dije sin poder explicar gran cosa / No lo sé
El pago que le dabas incluía una cláusula para las caricias, besos y ternura? / Era su deber hacerme una tarea olvidada a escondidas bajo los inmensos plátanos orientales de la Avenida Ricardo Vicuña camino al Kinder?/ Las 39 llamadas de cumpleaños son parte del contrato ?
Yo no sé si haber tenido dos madres, una que trabajaba con pago en casa y otra sin pago, explicará algo de lo que soy como ser humano y como animal / pero la alegría llenó la mesa y jamás bebimos un poco orfandad antes de ir a dormir / leche en polvo y leche de seno fabricó mis huesos / las historias de mis dos madres están tatuadas en la memoria / las tierras de Antuco llenas de ovejas que el río se llevó / las colmenas de abejas que daban toneladas de miel y que de un día para otro su dulzura voladora cayó como una piedra / y allí el destierro hacia la ciudad frontera, la ciudad fuerte, la ciudad farmacia, la cuidad comisaría, la ciudad de banqueros y escuelas / lejos de las montañas andinas / las dos historias maternales que fundaron mi lengua y mi imaginación
Una madre gestora, devoradora de libros y sedienta de música que se escapa de un piano desafinado y con termitas y al que le faltan 5 teclas / M. fue la ternura espontánea, las telenovelas, los abrazos / el ruido de la televisión / la primera palabra antes de ir a la escuela / y una caricia que se desliza en el pelo antes de dormir
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