Un domingo de iglesia en la ciudad de Los Ángeles / No recuerdo si era invierno o verano / Primera Iglesia Bautista dice con orgullo el cartel de madera que las familias ven al entrar / Todo es rectilíneo y el techo inmenso en altura y los volúmenes muy amplios pero mucho menos que la catedral de los católicos que está al otro lado de la Plaza de Pinto / El pastor da su sermón citando de manera rigurosa los versos que justifican su interpretación edificante / Su voz es dulce y afeminada y parece una música que embelesa / Yo no sé si recuerdas los coches de juguete que tenías en tu cartera negra, que pusiste sobre el banco de madera masisa que transformó el templo en una avenida / Recuerdo tu mano extendida, un coche amarillo, el ruedo de un frenazo y un arranque desesperado, y todo se disipó como el incienso que es la infancia / Ahora creo que estuvimos unidos en este primer sacrilegio contra la exégesis, contra la altura de esos formidables muros de minimalismo moral / contra el aburrimiento eterno / contra la muerte en vida que nos abre la vida eterna
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