Un corro de niñas y niños come, canta y me interroga / me preguntan por mi valentía y mi relación al constructo de la verdad / siento su ira sorda y muda como una luz cegadora / les dije que mi verdad tiene espinas y clavos, y perdonadme / prefiero que haga heridas de muerte en mi vientre que dejarla salir, perdonadme
hay más armonía en el silencio / les digo/ les suplico que me oigan entre tanto ruido / hay más armonía en el silencio / en la lengua de los árboles habita la armonía que buscamos / perdonadme
Ya al otro lado del río me digo que necesitan la verdad para enterrar sus rizomas y puedo entenderlo / pero a mi tierra yerma le basta un instante de la música que emana de tu cuerpo / un instante del trémolo vital de tu cuerpo que busca sin saber / y que se resigna al fracaso del futuro / me consuelo en tu rebeldía contra la memoria y contra el olvido / en tu amor a la comida hecha en casa y la guerra a la industria / las notas falsas en tu celo / en tu acento americano mientras vamos a dormir como hermanos / porque nada musicalmente humano puede sobrevivir más allá del presente / perdonadme / mis clavos y espinas se quedan aquí dentro escondidos hasta que alguien tome un cuchillo de la cocina y los haga derramarse en esta mesa

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