I
Septiembre.
La novela debería estar terminada hace seis meses, pero aún no puedo cerrarla, ni siquiera vemos el principio, porque tengo el espíritu carcomido por la proposición de Tamara y Antonia que me pilló por sorpresa. Todo indica que este fin de semana no tendré la calma que espero para sentarme a escribir. Franco insiste en verme para que hablemos del proyecto escritural y lo dejé en visto. Intento buscar un poco de tranquilidad caminando por el muelle izquierdo del puerto fluvial de Rouen. Vengo aquí todos los sábados como un ritual de descarga emocional cada vez que la angustia me inunda: llego en mi bicicleta azul buscando los reflejos de la luz de las 18 horas, la aparco maquinalmente al lado izquierdo, me siento en el gran banco que mira hacia las vidrieras multicolores del edificio de la Métropol y observo a los niños que juegan con un kayak naranja en el centro de la laguna del Parque Canal Camille-Claudel. A veces escribo, a veces lloro, a veces llamo a mamá.
II
Octubre, primera semana.
El primer recuerdo que tengo de Tamara se remonta a la fiesta de la música de 2025. Un día ideal para dejarse llevar por las calles con mis amigos porque Arelys, en ese entonces mi pareja, andaba de viaje en Hamburgo en un congreso académico presentando su análisis literario Mónica se Escapa, de Édouard Louis: una interpretación feminista de la socio-literatura de los años 10 y 20. Me invitó a que fuera con ella para compatibilizar trabajo y placer, pero no quería encerrarme en el hotel o dar vueltas como un zombi en una ciudad a la que no conozco a nadie. Odio el turismo de viajes cortos y nunca he sido un amante disciplinado. Al principio de la fiesta de la música, que puede considerarse un modesto carnaval a la francesa, nada muy interesante: un concierto de jazz frente a Les Berthon en donde comimos un hotdog malísimo y una cerveza por 10 euros, luego un canto coral con guitarra junto a la Catedral, un picnic de reposo en el Parque del Hotel de Ville. El primer momento de deslumbramiento se produjo frente al DJ latino que se había tomado la calle de La Antigua Prisión y tocaba una salsa que invitaba al baile y que no desperdiciamos. El segundo momento memorable se produjo por error de comunicación y malentendido de borrachos cuando fuimos a buscar la bicicleta azul y medios ebrios llegamos hasta La Base y ninguno de nuestros amigos estaba allí y como por automatismo y para evitar el silencio desagradable empezamos a contarnos la vida. Tuve la impresión que nuestro vínculo se construyó en la narración de uno mismo y la escucha ebria de nuestras crisis emergentes : en ese entonces Tamara comenzaba una crisis de los 30 y yo estaba en mi crisis de los 40. Al final del día, tuve la extraña sensación de que había mucho tema en común. Un error de interpretación como otros que he tenido, claro está. Tengo claro que en nuestra vida de narcisistas uno se enamora solo de su reflejo.
III
Octubre, segunda semana.
Mi relación con Antonia se remonta a mi vida en Barcelona, en mi época de investigador post-doctoral en temas de migraciones en Europa, en mi diario lo tengo registrado como mi periodo catalán. Nos encontramos un poco por azar en las fiestas de Sant Joan gracias a la intermediación alcohólica del poeta, y célebre cupido, Franco Alvarado. Vagamente recuerdo el ruido ensordecedor de los petardos que hacen más ruido que luz, por eso le tengo inquina al Sant Joan de los catalanes, y también me viene el vómito de Franco en mi departamento de Carrer del Roselló que me costó 50 euros de la fianza al dejarlo. Todo el mundo se transforma en artificiero en Sant Joan, parece un sitio de guerra pirotécnica y no un carnaval. Sin duda es un terreno hostil para el amor, pero bueno, la realidad contradice toda regla y allí nos conocimos haciendo bromas y bebiendo latas de cerveza barata que le compramos a los pakis que merodean en la Plaza del Sol. Acaso fue la ternura de sabernos tan frágiles y precarios aquello que nos atrajo. Hoy en día nuestra relación está solidamente construida en nuestros altos volúmenes de consumo de cerveza y en el buen humor lo cual es muy barato de llevar y super sostenible. Antonia no pudo terminar su doctorado en antropología y se vino a Francia a buscarse la vida. Cuando tocó a mi puerta no pude decirle que no.
IV
Noviembre, primera semana.
La novela que debo escribir es un encargo de la editorial Arlequin que quiere renovar su catálogo 2040. Me pidieron indirectamente una novela rosa pero con un marco relacional más evolucionado porque las ventas se vinieron abajo y las nuevas generaciones parecen explorar otras maneras de amar, entonces nos encargan una novela rosa poliamorosa porque dicen que está más en el aire de nuestro tiempo, es más punk dijo el editor. Yo escribo, pero conocido, conocido no soy. Me contactaron por medio de Franco el poeta, que sí es mundialmente famoso gracias a su libro revolucionario Poemas del fin del mundo, a quién la novela rosa le parece un género menor, por supuesto, por lo que me derivó la solicitud que originalmente era para él y acordamos, después de dos pintas de cerveza, que seré su escritor en la sombra para este tipo de encargos. Franco pensó en mí porque conoce nuestra historia, y por nuestra quiero decir mi historia con Tamara y Antonia.
V
Noviembre, fin de mes.
Lo extraño es que el periodo de pareja más largo y fiable de mi vida fue dentro de un matrimonio bien tradicional y bendecido por nuestro Señor que comenzó a los 23 años, en toda comodidad y confort, un matrimonio que viajó desde las tierras del Walmapu hasta Madrid y luego a Barcelona, un matrimonio en donde los vivientes evolucionaron a diferentes velocidades y se desincronizaron y se metieron en conflicto, y bueno Barcelona fue la ciudad del divorcio y la ciudad de mis comienzos en el poliamor. Yo me crié en la monogamia, digamos, y no sé bien cómo llegué aquí, un poco de ensayo y error, quizás la mala influencia de Brigitte Vasallo, pero experto, experto no soy, pero Franco el poeta parece muy seguro de que tengo la legitimidad para escribir esta novela. Franco dice que simplemente cuente nuestra historia, pero que cambie el contexto, que suceda en las isla de Cerdeña o en la Isla de Rügen o en medio de las tierras ventosas de Texel, porque el rol de la ficción es ese, crear una subjetividad nueva para ampliar nuestras miserables subjetividades capitalistas y monógamas que son funcionales a las tareas de reproducción necesarias al mantenimiento del sistema…Franco, cuando bebe, lleva la crítica anti-capitalista a lugares muy incisivos.
VI
Diciembre.
Franco ha validado la arquitectura de la novela. Me dijo por whatsapp dale weon, pulento. Le digo a Franco que hay tres personajes: Raul, Sarah y Romina. Toda gente de bien que puede crear la identificación con el lector en un espacio cultural iberoamericano: Raul es investigador de origen latinoamericano especializado en IA aplicada a la enseñanza, con un futuro prometedor, pero el proyecto de la empresa en la que trabaja que promete en su publicidad reemplazar los profesores y abaratar los costos de la enseñanza pública, lo confronta a una crisis ética, cuya insatisfacción existencial y la búsqueda de un sentido otro lo lleva a un viaje a la Isla de Cerdeña. Sara, española y catalana, es una antigua artista circense y bailarina, psicóloga en la actualidad, que desencantada por una ruptura amorosa y hastiada de su patrón de encadenamiento de relaciones que la violentan, se lanza en un viaje de duelo y sanación también a la Isla de Cerdeña porque el vuelo estaba en oferta. Y Romina, francesa y bretona, la más joven de la triada, gestora cultural y artista, vida ordenada, que vive una relación a distancia con alguien que conoció a través de una aplicación, de la cual no sabe qué esperar, pero al mismo tiempo una relación cómoda que goza del aprecio de su familia y amigos. Viaja a Cerdeña como parte de su rutina de artista para dar el último concierto del verano. En Cagliari, en un ristoranti pizzaiolo, los tres cuerpos solitarios colisionan y se descubren cada uno sentado en un mesa individual contigua. El castellano fluye como la lengua común que amalgamado a los trozos de pizza picante y el vino rosado sardo les abre el corazón a un mundo de posibilidades. La novela propone, grosso modo, la inevitable y recurrente crisis de la insatisfacción monógama como una oportunidad poliamorosa. El género y la editorial nos imponen un happy end pero por ahora Franco y yo no tenemos muy claro cuál será el camino a recorrer. El proyecto escritural debe presentarse al editor en mayo de 2025, nos dijo la editorial en nuestro último correo.

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