Enero.
María Cecilia mi colega ecuatoriana en la Universidad de París 3 dice que mi novela rosa es una mierda pinchada en un palo, una mierda hecha de la fantasía patriarcal del trío. Me deja pensativo. Le digo al poeta Alvarado que deberíamos tomarnos en serio lo que dice María Cecilia porque su gusto literario es muy refinado y que ha leído de todo y además tiene la legitimidad de la experiencia. Es una cuestión de jerarquía, de equilibrio de poder en la relación, no de número de participantes, le digo para provocarla. En todo caso sí que sabe de lo que habla porque antes de divorciarse intentó transitar de un matrimonio mónogamo a un matrimonio abierto con relaciones satélites. Su marido, francés, ingeniero en sistemas hidráulicos, estuvo de acuerdo, incluso asistieron a una terapia de pareja para hacerse asesorar. Fue ella quién me recomendó, en medio de esas conversaciones interminables en el RER de París, que leyera el libro de Jessica Fern Polysecure: Attachment, Trauma and Consensual Nonmonogamy. María Cecilia lo intentó dos veces, creo que se lo pedía el cuerpo, me dice que el detonador fue acaso una cuestión hormonal asociada a los anticonceptivos. El cuerpo es un misterio, por eso los evangélicos dicen que no hay que vivir en el cuerpo. En el primer intento de transición, el marido explotó en vuelo en un ataque de ira que confirmó la idea de divorcio al enterarse que el poliamor ya era parte de la relación. En el segundo intento, la negociación ya estaba iniciada, la relación comenzaba por defecto en el esquema relación principal-relaciones satélites. Aquí fue María Cecilia a la que el cuerpo le dijo otra cosa al enterarse que Jhony, el guatemalteco de pelos largos que tiene como pareja, ya estaba quedando con una amiga con la intención de una posible relación satélite. Cuando me lo dijo, sentí que había algo raro en su voz, no sabe esconderse. Finalmente la crisis de celos los llevó a una conversación de asinceramiento en donde se anuló toda clausula precedente y se optó por el camino más seguro: recomenzar en una sólida relación monógama de tipo pingüino emperador. No es nada fácil, nada fácil, le digo, mientras corro a la puerta para salir del RER.

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