J. me invita a Llinars del Vallès y voy corriendo a la estación de Sants en donde parece que los constructores civiles han dejado caer una bomba para renovarlo todo. Las máquinas tienen filas enormes y los turistos, como dicen mis estudiantes de español, penamos a comprar los billetes. Pierdo el tren de las 11h seguro. El rodalias del medio día llega lleno desde el aeropuerto y con 10 minutos de retraso. Esta estación es uno de los nodos centrales del sobreturismo del modelo catalán, aquí veo el problema delante de mí, acumulado en el andén, flujo permanente de seres humanos moviéndose por razones extrañas y ajenas a la vida local. Aquí también sube la mayoría de los catalanes que se han tenido que ir a vivir a los pueblos bien conectados con Barcelona en donde el precio del alquiler parece un poco más accesible.
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Un puesto de lotería de la Once está situado estratégicamente cerca de los torniquetes de acceso y una chica de verde vende los billetes con una máquina verde. Te venden a dos euros los sueños y puedes pagar con tarjeta. ¿Cómo se juega al Eurojackpot? Le pregunto y con una sonrisa tierna me explica que debo dictarle los números y ellas los registra en la máquina. 8 9 15 23 30 + 5 10. El sorteo será el 14 de octubre. Con optimismo le hago una foto para enviársela a mi madre, lo guardo con mucho cuidado en mi billetera amarilla, envío también la imagen a mis amigos. Hago una lista de prioridades a comprar si el premio llega que habla de mí, mi humildad y mis gustos simples:
Una Masía bien conectada con Barcelona y rodeaba de colinas
Una casa en Rouen
Una casa para M. y R.
Dejar de trabajar, vivir de la escritura.
Un piso pequeño en París
En 2025, soñar despierto cuesta dos euros.

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