Éstas zanjas resecas de mis manos asoman tu perfume
como un colmillo: ¡lleno de frutas sexuales y álgidas!
Y ya no estás, debo decirlo.
Llena del follaje de verano: ya no estás.
Algunos cansancios del calor inmenso reposan
en el vacío grandioso de tus caderas ausentes.
Y ya no estás, debo decirlo.
Abrazada en el espejo: ya no estás.
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