Cada vez que una persona realiza el deferente gesto de indicar me ha gustado el poema me viene de súbito una alegría y un pudor inmensos, y ambas emociones siempre me son de agrado. Nietzsche dice que el pudor es rico en invenciones, por lo tanto apropiado para escritores. Por otro lado la alegría es siempre buena por inmediata, por el hecho indescriptible de estar alegre simplemente. Incluso a veces se escribe por puro hedonismo, por la emoción pura, que viene de la lectura de buenos escritores o la escritura de buenos poemas. Ya lo dijo Borges antes que yo: el hecho estético es algo tan evidente, tan inmediato, tan indefinible como el amor. Mi manera más radical de pensar, sin embargo, consiste en entender la poesía o la escritura como una de las formas del apareamiento; es muy posible, según el modo de Escoto Erígena, comparar la actividad del poeta con la extensión del plumaje tornasolado del pavo real, que es una emplumada forma de seducir a la hembra. Sin duda toda actividad literaria es un trabajo de presumidos, pero un trabajo inmediatamente hermoso y placentero de presumir.
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