Mi «siempre despreocupado del tiempo» sorprende y molesta respectívamente a la mayoría, casi ninguno amigo, de los que preguntan «qué piensas sobre el tiempo». Debo confesar que a la hora de las respuestas me intento adaptar a mi interlocutor (el esfuerzo es mucho mayor si se trata de una mujer bonita). Por ejemplo, a la misma pregunta «qué piensas sobre el tiempo», llevo conmigo un repertorio espontáneo de múltiples respuestas; si quien pregunta profesa el advenimiento de cristo, yo contesto «el tiempo está cerca»; si quien pregunta es un literato famoso, yo contesto «en tiempo pienso lo que Borges». Debo confesar como penúltima cosa que «el método del camaleón», como lo llamó un desconocido, es infalible. Debo confesar como última cosa que mi éxito, despues de todo, ya no es divertido y es un dolor célebre.
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