La última moda, por allá en el año 2006, en el estilo de jugar al fútbol fue la incorporación, innovadora y algo irrisoria, de una jugada hasta hoy muy elogiada por la afición. El creativo jugador, por supuesto miembro de la selección campeona, declaró que simplemente la jugada le fue revelada en la circunstancia; yo le pegué nomás fueron sus palabras. Desde aquel incidente la gran jugada se propagó rápidamente a las ligas nacionales y los chavales de todos los países la ejecutaban sin piedad en los campeonatos locales. La dinámica era simple, como relata Livingstone el comentarista, pero no prescindía de cualidades guerreras y dancísticas: consistía en patear el balón -dice- y con fuerza, para que golpeara en el referí y retornara, descolocando, ¡cómo que no!, a todo los rivales. Para los incrédulos diremos que la ley del deporte lo permite, e incluso lo promueve; la regla 9 dice, tácitamente: el juez es cancha. Ya en lo mediático, la jugada fue mundialmente conocida bajo el nombre metonímico de pared al pito; la prensa, por supuesto, tiene gran porción en la poesía del mérito.
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