Soñé algo muy extraño. (El adjetivo es vano tratándose de sueños, lo sé.) Personas cercanas poblaban, con sus cuerpos nubosos, la escena también nubosa. Distinguí claramente sus caras, sus pechos reales, sus piernas; se trataba de un sueño abarrotado de mujeres, de hembras familiares. -Para evitar escrúpulos olvidaré los nombres-. La casa, donde existimos como nubes fue común, urbana, y de dos pisos; no presentaba escaleras, pero no puedo explicar como subíamos y bajábamos constantemente. Yo buscaba algo sin desesperar; esto es común en sueños, talvez su esencia, y también lo sé. Lo raro es encontrarlo. Pero ahí estaban, todas ellas, lamentablemente, vestidas. Su ropa era cotidiana, de calle. La ética que profesaron, sin embargo, fue exclusiva de la dimensión. De un solo impulso y de improviso, la nube nos envolvió en una falsa orgía; sin embargo, el placer fue verdadero. Recuerdo despertar, ese día, enamorado.
Replica a El soñador Cancelar la respuesta