Hoy, en el baño abierto de baldosas sexuales, vaporosas
consagrado al martirio mutuo de los amantes,
hemos muerto, de guerras rosas, acabadas, incompletas aquí
junto a la regadera inútil con su agua que se empapa
y queda húmeda de un deseo escondido bajo
los calzones, entre las piernas que se abren libres
preparando puertas falsas a los hijos falsos, a su herramienta,
como un planeta cotidiano, que recoge blanco,
contra la baldosa el polvo inútil que han dado,
que nos quedó, pegados al sueño, pegados como absurdo
al más tarde, al eso es mañana, al hoy futuro, como un yugo caliente.
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