De una imagen, de sostenes y cuerpo vivo, nace
una agitación de roces, circular
ahorcajada a gusto como una niña inquieta de amores
en ingle irrespetada, irritada, en mustia en su deceso
despojada hasta el hueso en su deseo que ya no queda,
que ya no queda más, donde ya no hay nada
porque todo sobra, apestando cansada y hermosa
en pausa latente.
Replica a Alejandro Ezra Cancelar la respuesta