Mis paseos por la universidad después de clase, obedecen a la rutina de mirar gentes y dejarse ver; apaciguar una soledad que he buscado. Trayectos sin más, junto a un paraguas negro y miradas finsemestrales de las estudiantes; que vestidas con el lívido de sus modas y algo tiernas, caminan grávidas en mi segundo. Es una tarde naranja y nubosa cuando el alma se enamora.
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