Es mi temor a sufrir cierta obviedad- lo que hace, al fin y al cabo, que abra mis delicados brazos para que al rato como esperando- la inercia me tome por detrás, como si estuviésemos, en la punta del más grande barco. Así, mi pasión por la tranquilidad es ahíta, y se llena mi gran vacío un llenado que determinan las más impúdicas comillas- y es poco lo que pienso más.
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