En nuestras manos la pubertad de la gónada se hincha
como una jalea sexual que anda en bocas
como una jalea de existencia y dura que vendrá mañana
irremediable a nuestro destino de padres que fecunda hijos
y nietos y otros muertos en autos y en sillones descuidados
en espacios de libertad usada en fuegos que no vigilan
donde los trozos de culpa se amontonan en flores de odio
con miedo de costumbre infierno y vida entera y Amor perfecto.
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