Poliamorosa, la novela rosa (cuento) 3

Última semana de enero.

Tengo un primer párrafo de la novela para mostrar a Franco en nuestra próxima videoconferencia. Sigo los consejos de Borges y Cortázar sobre las primeras frases de cuentos o novelas. Sin cuartel. Franco está en Berlín en casa de su hermana y luchando por existir. Me dice que aún no le han pagado su proyecto con la Universidad de Temuco. La fama poética no le alcanza para vivir, hoy la poesía no interesa a nadie, que es lo mismo que decir que solo interesa a las editoriales independientes, la poesía no es mercancía que interese al capitalismo, y no tiene para el alquiler, pero Franco es poeta y no va a claudicar, va a recitales, organiza lecturas, se mueve, se mueve como un pez contra la corriente. Dejó el sur de Chile con la poesía quemándolo por dentro, una forma de decir que fue una decisión irracional pero sentipensada, intuitiva. Franco dice que hoy no puede reunirse, no estoy bien, lo vemos más tarde.

(Borrador. Novela. Mostrar a Franco)

Ninguno de sus colegas ni amigos hubiera creído a Raúl capaz de petar un cable como lo hizo un lunes primero de septiembre en las oficinas de la IA Education Research en el barrio financiero de La Défense. Raúl, el hijo ejemplar, el mejor de su promoción,  el hombre de la palabra justa en el momento justo, el chico del sentido del humor deconstruido pero al mismo tiempo deliciosamente transgresor, que aprendió el piano obligado por su madre a los 7 años, aclamado músico que acompañaba el coro en la Iglesia Adventista de Pioneros los sábados grises en Temuco hasta que ir a la Universidad a estudiar ingeniería en informática le comenzó a cambiar la vida, que había dejado su querido Walmapu a regañadientes para viajar al extranjero por primera vez gracias a una beca del gobierno chileno para hacer una tesis en IA aplicada a la educación en Madrid y que fue valorada Cum Laude con unanimidad del tribunal. Pues sí, ahí está Raúl, gritando desaforado, que proponer la IA, su modelo de IA, como producto para reemplazar profesores y abaratar los costos del sistema público es una aberración y que se va de esta mierda, que está cansado, que cuando comenzó en la compañía la visión era otra, y en su interior no sabe a dónde irá, pero la ira en las entrañas lo llena de un coraje nuevo y le da una seguridad a sus movimientos que sus colegas pueden admirar por largos 5 minutos, porque luego viene la calma y deben volver al trabajo y mirar sus ordenadores, y todo el mundo concuerda en que fueron los 5 minutos más interesantes de este lunes que ya se une al olvido de todos los lunes del universo. Sería la última vez que Raúl cruzaría el portal del edificio y algo nuevo comienza a nacer.

(Página 1.)

Tamara y Antonia decidieron tener un hijo entre ellas y que yo haga de padrino y no supe que responder cuando me lo dijeron el año pasado. Me pasmé rígido en un primer momento. Me dejaron claro que no quieren que ejerza el rol de padre. Me explicaron que el padrinazgo les parece más adecuado, me hablaron de un padrinazgo intenso o de un padrinazgo vinculante o comprometido algo así. Al mismo tiempo me parece natural aunque en el momento mi cuerpo reaccionó, como decirlo, mi cuerpo produjo una emoción desagradable que se parece a una molestia de ser excluido, que se parece a un rasguño de gato, totalmente injustificado de un punto de vista de la situación, pero existente y no quiero negarlo, porque siempre dije a todo el mundo que hijos no quiero tener, no porque los niños no me gusten, es el rol de padre el que me parece un yugo irrenunciable y los yugos irrenunciables me generan angustia y los evito. La niña nació ayer y se llama Iris. Tiene los ojos de Tamara y la piel corresponde a la de su progenitor del catálogo que eligieron en Barcelona. Después de todo y ahora desde la distancia la idea no me desagrada, el madrinazgo y el padrinazgo es un poliamor filial, una hija compartida sin la responsabilidad paternal, sin vínculos de sangre con la bebé pero el amor que siento por Antonia y Tamara la cubre, y nos parece normal y creo que puedo disfrutar de ello y el afecto sin desagrado, limpio de todo rencor, nos acompaña. Ya veremos. Antonia me escribe para proponer un thé matcha los cuatro, para que conozcas a Iris. Qué dices?

Una respuesta a “Poliamorosa, la novela rosa (cuento) 3”

  1. […] me dolió cuando me pidieron que por favor me alejara de ellas durante el proyecto de maternidad, querían que fuese algo de ellas y que luego podría volver como padrino, una nube se posó en mi cabeza, pero luego me dije simplemente deja el peso de su cuerpo empujarte […]

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