Yo y la señal abundante y sin contexto:
que viva el muerto de corazón enemigo.
Mierda y digo en un punzón de afecto:
insulto que ultrajo: ¡arrastro que nombre!
Tú y la estupidez constante que persiste el grito;
no de un dolor sino: ¡de odio a tu mirada!
Replica a El poeta Cancelar la respuesta