Estar tendido sobre una mujer, es estar tendido en arenas de playa. Arenas de especial y variada arquitectura, pero antes de todo muy dulces, como una sal de abejas que se amontona a orillas del mar. El hombre, milenariamente bruto como una ola, ante la suave situación no puede esconder su espuma fértil y sucia. Y clava sus huellas profundas que deja el deseo.
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