mamá, cuando caiga sobre mí el frío
el silencio de la sangre
cuando no puedas despertarme para beber un vaso de leche con chocolate,
sigue cantando
—
no importa la violencia que rompió mis sesos
al otro lado del arroyo
gritaré no tengo hambre nada duele no hay dolor
—
sigue cantando, mamá
—
dormiré
y comeré
muy cerca de casa
y no caminaré por la noche sin compañía
—
sigue cantando, por favor
—
te prometo
que andaré por las carreteras de la eternidad
pedaleando
despacito
para no caer a la vida otra vez
pero sigue cantando, mamá
porque esa voz me alimenta
Replica a Ana Souto Villanustre Cancelar la respuesta