Arturo Prat Parcela

I

Aquí alguna vez hubo mugidos de vacas / cacareos de gallinas y huevos azules / tractores polvorientos y máquinas rojas que convertían el trigo en panes de oro / esto fue el paraíso de las langostas que venían de todos los lugares de la nación a comer los mejores granos de la comarca / los camiones iban llenos de remolacha hasta la Iansa de Los Ángeles / iban llenos de trigo hasta los hambrientos molinos de Santiago

II

dice la leyenda de la tía Fony que la reforma agraria de Frei le dio al abuelo una parcela cerca del Renaico pero lejos del pueblo / que comenzó con las tres vacas de la hacienda que le vendió el patrón /

la tía Fony venía desde Vaquería a pie o en bicicleta a ordeñar esas tres vacas a mano / ella también criaba las gallinas / a veces un chancho / algún cordero / dice la leyenda de la tía Fony que el abuelo empezó desde abajo a puro ñeque / la tía Fony nunca se pone como heroína de su propia historia

III

con la ayuda de su hermano Armando se hizo una casa de madera, tejas y piso de cemento / el tinglado de la fachada en amarillo / la puerta y las ventanas de color marrón / las tejas rojas como las tierras del Wallmapu / el piso de cemento pintado a la cera con tierra roja  / al principio el baño era un hoyo negro sin agua que iba cambiando de lugar cuando se llenaba de mierda / los grillos cantaban toda la noche / los grillos siguen cantando y no se van a callar

IV

la tía Fony nunca es la heroína de su propia historia / pero es ella la que sueña con el futuro / es ella las de las visiones y los presagios / a veces aparece en la sala de estar recién levantada y sin peinarse y dice que alguien se va a morir / o va a nacer un niño / se nos va a morir la vaca que parió / y luego pone el pan amasado o en la mesa o nos pide que la acompañemos a Los Ángeles a buscar petróleo o a traer un repuesto para el tractor azul / la tía Fony se permitió amar pero nunca dejó al abuelo / cumplió su promesa

Una respuesta a «Arturo Prat Parcela»

  1. Avatar de Lincol Martín

    Qué texto más hermoso y lleno de tierra. Es un retrato profundo de la memoria rural, del esfuerzo silencioso y de la tía Fony como columna invisible de esa historia. Me encanta cómo mezcla lo cotidiano (el hoyo negro, los grillos, la cera con tierra roja) con lo casi místico (sus visiones, sus presagios). Y ese detalle final de que cumplió su promesa lo hace todo más conmovedor.

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