Me pido un capuccino con un carrot cake y me pongo en la terraza de la librería Les Mots Éphémères. Elijo mirar hacia el Sena. Pasan unas chicas por el muelle festejando una despedida de soltera y van hablando animadamente de la epidural vestidas como de hadas de cuento y con globo de helio que lleva forma de anillo de compromiso. La lluvia de Rouen comienza a caer sobre el libro Mario Santiago Papasquiario que tradujo Samuel, Consejos de un discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger. Lo compré en octubre en la Librería Cien Fuegos de París. El libro quedó manchado para siempre con esta lluvia de mayo.
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Vengo al interior para escapar de lo que ahora es una tormenta. Dos chicas hablan de un festival de poesía que fracasó o que convocó o que no recaudó lo suficiente. Es complicado transitar de la poesía de Mario Santiago los asuntos de la gestión cultural. Logro entender que la estrategia comercial no fue la buena o que faltó hacer más reel o postear con más intensidad que 15 euros el día o que 25 todo el festival. De todas formas los poetas están dándolo todo en la sala de representación y escucho alguien que canta y luego una música tecno a toda potencia cuando la puerta se abre. El festival se llama Festival du Pédiluve. Pero también es una Levé de fonds pour les poissons.

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