Hoy miraba por la ventana y calló un hermoso pájaro muerto;
en ése instante preciso me acordé de tus labios lejanos.
Por eso dime, si acaso, no son interesantes los momentos de mi mente,
el dictado de tu nombre a ratos grandes, a ratos.
Y vaya, es verdad, largo el olvido: constante tropiezo de aves.
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