Nunca he podido ser un gran amigo
en esta realidad que es, en esta realidad que fue,
que será mía siempre y que no vive sino escrita.
Así, un poco mendigo con plumas, nada tengo para contemplar y
nada tengo, por lo menos en el hoy anómalo, para desdoblar, hacia un poema, que claro, no sería amigo de muchos.
Mi soledad es, cuando es algo, muy clara, muy decidora,
muy sola, como un ave rara en el cielo.
Sin embargo, a veces, un poco iluso y por supuesto de esperanza,
me figuro amigo de escritores muertos,
y bueno también, hay que decirlo, para que se haga algo, de otros solos;
pero es siempre un pesar y siempre un consuelo:
estamos yo y el libro, en una fiesta extraña, desahuciada
y es un asunto muy, muy siempre, muy de solos.
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