Canicule y congreso. Tomo el tren desde Rouen a Toulouse. Un congreso de la ASDRDLF una comunidad de investigadores super transdiciplinar. A todo el mundo le cuesta pronunciar la sigla infinita que me hace pensar en el nombre de dios. Muy dinámicos todos, buen networking, los investigadores e investigadores bretones me parecen los más simpáticos y abiertos. Viva la Bretaña libre, viva! También con la gente de las monedas locales me llevo bien, un chico me regala una moneda, la escuela francesa de la proximidad es gente guapa aunque un poco abstracta, parecen en paz con su vida. El calor no les sienta bien. La comunicación sobre la proximidad y el bienestar se da en un ambiente de sauna en el cuarto piso de La Antigua Fábrica de Tabaco que ahora es el edificio de ciencias políticas. Mi hotel está a cinco minutos.
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El congreso se termina y cojo el tren Toulouse-Royan con cambio en Bordeaux, la ciudad más caliente de Francia según las malas lenguas. Bajo del tren y me convierto en refugiado climático en un McDonald por 5 euros. Todo está lleno a causa de anulaciones repetidas de trenes así que la situación de crisis nos obliga a compartir la mesa. Una chica está viendo su serie con su perrito. Me deja sentarme con ella mientras espero mi McDeal de cinco euros. Los jovencitos van todos con pinganillos blancos. Me parece que no les interesa el presente y no dejan de consumir una realidad simultánea. Un flujo permanente desde los data center hasta los pinganillos. Hablo también con Laura que nació en Marbella, que fue au paire en Bordeaux y que se tomó un Flixbus desde Renne en donde hace una práctica de máster 2 para ver a su chico y a los niños que cuidaba. Tiene prisa, porque salen de la escuela a las 16 y ya son las 15h30. Luego otra chica me pregunta si se puede sentar en la mesa con unas alitas de pollo rebozado en la mano. Me dice que va a ver a su abuela y su tia a un costado de Saint Émilion. Su abuela tiene una piscina grande de unos 30 metros me dice. Me muestra en Google Maps la casa y la piscina. Qué envidia, le digo.
Mi tren a Royan se retrasa otra vez y debo esperar nuevamente en el andén inundado por el calor infinito. Intento buscar consuelo en las librerías o mirando los cuerpos enteros o solo algunas partes específicas o pensando en el proyecto europeo que me obligo a presentar para poder seguir existiendo como investigador. En el quai los mayores hablan, algunos jóvenes también comentan las estrategias para lograr llegar a La Rochelle antes del día final, otro grupo prefiere entregarse a los pinganillos blancos. Pienso en que debería crear un cuento de horror, estilo almohadón de pluma de Horacio Quiroga, con los pinganillos blancos. El tren se acerca muy lentamente aletargado por los cuarenta grados que debe haber dentro de esta estación de fierros vidrios metales. La suerte del fin del mundo está conmigo y la suerte se abre frente a mí en forma de puerta automática y dejo pasar solo una persona antes de mi para mantener las apariencias de la educación. El aire acondicionado del tren nos humidifica el alma y da la impresión que el fin canicular del mundo se pone en pausa.
Han anulado más de tres trenes. El segundo coche del tren se puso en pana y solo circula con el primer miembro. El pasillo casi revienta de maletas cuerpos y pinganillos blancos. Una chica que cogió asiento afronta el apocalipsis viendo una serie. Yo estoy dudando entre la siesta o la escritura. Unos jóvenes no alcanzan a bajar del tren por la dificultad de moverse por el pasillo y ven perplejos como se cierra la puerta en sus narices. El chico llama a su padre que los esperaba en el coche y este le sugiere que tire el freno de emergencia y que se bajen inmediatamente los pringaos. Una señora mayor se prepara para bajar con una gran maleta a rueditas con la que salta los pasajeros sentados en el suelo y le da la impresión que está participando en la emisión de juegos de obstáculos que se llama Fort Bayard. Se ríe sola de su propia broma. A veces miro los labios de la chica que ve la serie, para consolarme. Me informan que por una défaillance de matériel el tren no llega hasta Royan. Mierda.

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