Rouen Poesía

Llegué a Rouen Normandía en el verano de 2021 a enseñar español a la universidad. En esa época me había olvidado que alguna vez jugué a ser poeta y que ese juego quedó tapado por mi pragmatismo de sobrevivencia. La crisis de los 40 años me lo sacó en cara, lo recuperó, puso ese cuerpo extraño sobre la mesa. Descubrí que la poesía en Rouen inunda los bares, las lavanderías y las casas. En las librerías abundan los libros de poesía editados y los autoeditados circulan en la más bella de las clandestinidades. Las poetas y los poetas organizan micrófonos abiertos y salvajes en los que puedes venir a leer sin credenciales. Me encanta que la poesía de la ciudad es más inclusiva y abierta que otras artes capturadas por los mercaderes y los sistemas educativos del arte. A veces me uno y leo un poema en español y una que otra traducción al francés de un poeta mapuche o latino americano que acogen con una enorme amabilidad. Pero sobre todo me gusta estar, me gusta conversar, me gusta comer poesía, beber poesía y llenarme los pulmones de la poesía que se quema aquí como un incienso peregrino. También me gusta contar los fragmentos rotos de una historia inasible a veces con la cámara, a veces en forma de diario. Las fotografías corresponden a la última lectura de septiembre de 2026 en el Lavomatic, una lavandería pública 24/7 intervenida por poetas, pero también por musicos y otros artistas performáticos. Qué viva la poesía que no se deja domesticar por nadie.

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