Es natural su inconformidad, piensa, refiriéndose a sí mismo. El pobre, un macho, sufre, hoy, la costumbre de su presente y una fisura. En días así, llenos de vanas ideas, prefiere encender la radio y callarse. Son días, por supuesto, que no trabaja como es debido para la buena conciencia, días que habitan bien pintados en la memoria compartida: la tarde de sábado, casi siempre; y todo el día de su lento domingo.
-Mañana, hoy no. Estoy cansado. No quiero.
Es un pesado, un plomo, piensa y llora, después de colgar el teléfono con su rabia de mujer. Ella lo quiere o, por lo menos, se ha hecho la idea de que a alguien se debe querer. Piensa en los hijos, que alguna vez soñó, buscando la tranquilidad en la nostalgia por el futuro; pero acaba cansándose y le vuelve la rabia de mujer.
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