Poliamorosa la novela rosa (cuento) 15

La poeta Mía, que hace poesía y canciones con guitarra, pasa por Rouen y nos damos cita en el bar La Alquimia. Me dice que se aloja en casa de Manon, la poeta del violoncelo que vive un edificio de colombage en el l’eau de Robec. Me dice que está escribiendo una novela sobre su padre, antiguo conserje, que murió hace algunos años, pero que la tiene bloqueada haber dejado el edificio. Le digo que también estoy escribiendo una novela, una novela rosa sobre el poliamor, que me la encargaron, bueno, que en realidad se la encargaron a Franco que ella también conoce de nuestra última incursión poética a Barcelona. Me dice que en su novela hay múltiples voces, en un edificio, recuerdos, espacios híbridos y que tuvo buena crítica en el master de Literatura Creativa. Le cuento que lo mío me lo tomo como un experimento, como un juego con un género vilipendiado por la literatura patriarcal, considerado como un género para señoras, pero nada de eso, pero bueno, lo del poliamor no lo he visto en María del Socorro Tellado López, y que lo que quiero trabajar es un poliamor rizomático, deleziano, y me dice que tienes que crear una imagen, que parezca trivial, pero que luego avanzada unas páginas tiene un significado profundo, ¿como las patatas?, sí, las papas, los tubérculos, y le respondo que sí, que es buena idea, porque uno de los personajes, el ingeniero de la IA es nieto de agricultor. Qué buena idea.

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(Borrador, Bastioni de Saint Remy Cagliari, Sara y Raúl buscan una cafetería).

Raúl, un poco convulsionado, y Sara, en plan de buena samaritana, descienden por la escalera del Bastioni de Saint Remy para buscar una cafetería donde poder recentrarse con un buen desayuno. Por el lado opuesto de la rotonda ven a una chica con un violoncelo corriendo a toda prisa. Sara la sigue con la vista capturada por el contraste entre la talla del instrumento y la talla de la humana vestida de blanco y azul. Raúl que levanta la cabeza en ese momento reconoce a Romina del aeropuerto de Beauvais pero no tiene fuerzas para gritarle aunque su corazón daría todo por atraer su atención. ¿El café de allí en frente, te parece bien, el que pone Antico Caffe? propone Sara. Sí, sí, vamos, responde Raúl, mirando a lo lejos como el violoncelo de Romina se tambalea subiendo la cuesta de la viale Regina Elena.

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Estoy buscando estudios sobre la obra de María del Socorro Tellado López, oriunda de Viavélez, Asturias. Me parece interesante lo que dice Roselyne Mogin-Martin de la Université d’Angers: la obra de Corín Tellado que se vende en kioscos se ha llamado «infra-literatura» o también literatura de gran divulgación y hay una cifra mítica sin verificar de 5000 novelas. Sus novelas suelen reflejar una ciudad marítima que hace pensar en Gijón, su lugar de residencia, y también en otras ocasiones en su natal Viavélez. Según se sabe no era ni muy católica ni feminista pero que reivindica algunas prácticas poco habituales para una mujer de provincia: el divorcio y fumar. Su carrera comienza en los años más oscuros del franquismo, lo que la obliga a seguir las exigencias de la censura en materia de proyecto vital femenino de virginidad y matrimonio. Sus descripciones de paisajes son insulsas, sobre todos sus ambientaciones en Estados Unidos o Canadá, todo lo contrario cuando la historia de amor sucede en Gijón o en Viavélez. El paso del tiempo y los cambios sociales obliga a la editorial Brugera y a María del Socorro a adaptar sus textos a las nuevas aspiraciones femeninas. La palabra que me interesa, poliamor, no aparece en los textos de María ni en el análisis de Roselyne.

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(Borrador, en Antico Caffe, Sara y Raúl desenvuelven sus historias como un retablo bordado).

Háblame de ti Raúl.

Nací en la frontera entre Chile y el Wallmapu. Vivo en París, pero quiero irme muy lejos. Odio mi profesión, soy ingeniero, hice un doctorado en la famosa inteligencia artificial de modelos de lenguaje de mierda, el mes pasado trabajaba en IA Education Future en La Défense, pero me tienen harto las máquinas y renuncié.

Háblame de ti Sara.

Nací en Mallorca. Estudiaba un doctorado en antropología en Barcelona y se me acabó el contrato. Mi novio quiere dejarlo. No sé si quiero dejarlo pero ya no es como antes. Me pillé el billete más barato desde Barcelona a no importa donde y había una promoción para venir a Cerdeña. Bueno, y ya sabes.

¿Y hay algo que te preocupa? Pregunta Sara, esperando comprender la raíz del dolor que tumbó a Raúl en lágrimas.

Para los cientos de turistas que visitan el Bastioni de Saint Remy y que suben por la via Vicenso Sulis en esta mañana soleada, Sara y Raúl, sentados en la terraza, son parte de una decoración preparada para una película de amor tórrido en la costa mediterránea.

No sé amar y no siento nada, no sé cuándo ni dónde dejé de vivir en mi propio cuerpo, estoy harto.

Sara, sin ocultar su sorpresa, asiente con un movimiento de manos como si golpease unas teclas invisibles, lo mira un poco a los ojos para evaluar el porcentaje de sinceridad de esta respuesta, y luego toma un sorbo de capuchino. Le parece muy dulce.

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